
Sólo le quedaba la idea de sobrevivirle, de no dejarle solo, en carne viva, frente a la residencia, al desayuno a las nueve, las visitas desganadas de los nietos cada domingo alterno, los atardeceres interminables.
La vida era algo que había pasado fugazmente, apenas unos recuerdos de algunos cumpleaños, del hermano muerto en la guerra o de las vacaciones que fueron con los hijos a las Canarias. Respirar siempre se hace corto.
No le faltó la complicidad de la nieta, ni el valor, ni la sonrisa, al deshacer las pastillas en el zumo de naranja. Él siempre había sido raro con los desayunos. Se cansaba pronto de todo. Tan pronto pasaba una temporada comiendo fruta como la abandonaba de repente y se pasaba al café con leche y magdalena, o dejaba éste y continuaba con el pan untado en tomate.
Bebió el zumo. Estaba guapo como cuando la llevaba a cenar, o cuando hacían el amor en el coche por descampados hostiles. Se lo contó. Y él sonrió. Siempre me has cuidado demasiado, dijo, y los ojos se le fueron cerrando.
Esperó unos minutos, luego llamó a la enfermera. Pobre señora María, le consolaban, pobre señora María.
La vida era algo que había pasado fugazmente, apenas unos recuerdos de algunos cumpleaños, del hermano muerto en la guerra o de las vacaciones que fueron con los hijos a las Canarias. Respirar siempre se hace corto.
No le faltó la complicidad de la nieta, ni el valor, ni la sonrisa, al deshacer las pastillas en el zumo de naranja. Él siempre había sido raro con los desayunos. Se cansaba pronto de todo. Tan pronto pasaba una temporada comiendo fruta como la abandonaba de repente y se pasaba al café con leche y magdalena, o dejaba éste y continuaba con el pan untado en tomate.
Bebió el zumo. Estaba guapo como cuando la llevaba a cenar, o cuando hacían el amor en el coche por descampados hostiles. Se lo contó. Y él sonrió. Siempre me has cuidado demasiado, dijo, y los ojos se le fueron cerrando.
Esperó unos minutos, luego llamó a la enfermera. Pobre señora María, le consolaban, pobre señora María.
12 comentarios:
Cosquillas, q preciosidad de relato. La larga espera ha merecido la pena.
besicos.
Buf, qué sensaciones me ha devuelto este post. Me ha venido a la cabeza una conversación con una amiga holandesa cuando estaba allí de erasmus. Más que conversación, ella habló y yo empecé a digerir lo que había dicho:
"Me voy a despedir de mi abuela porque el jueves se muere"
Y para decirte te escribo que hay mucha primavera en tu precioso invierno
Es una historia terriblemente hermosa, “terriblemente hermosa”, no es un adjetivo escogido porque si, es terrible porque habla de dolor, de adioses y despedidas; y hermosa porque habla del amor por encima de tiempos y espacios.
Un beso agradecido por el hermoso relato
Corto pero conmovedor. Graciar lobo.
Qué forma de relatar toda una historia en unas cuantas líneas, delicioso relato Saludos
Despedida triste pero encantadora, a la vez.
PD. No tienes que pedir permiso para acceder a mi blog, ya no lo tengo restringido.
Saludos ^^
qué intensidad en tan pocas palabras...
admirable :)
Me hiela...
bello.
Estoy de vuelta... y vengo a verte. Mis salu2
saludos! cuando habrá nuevas entradas?
Que bonito texto! Cotyo, pero tan lleno de brisa. Me encantó. Por cierto, volví!! Espero que me comentes, guapo.
Hola; sólo te quiero recordar que ya ha pasado el invierno, y que estamos en primavera... por si se te ocurre rebrotar.
Saludos.
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